1408
Sin utilizar siquiera un revolver de juguete cargado con agua, 1408 te sume, con el clima que su realizador Mikael Hafstrom, un especialista en estas cuestiones (El fantasma del Lago), le imprimió, en el más profundo suspenso y terror.
1408 no es un año, es el número de la habitación maldita del hotel Dolphin de Nueva York, en la cual Mike (John Cusack, que bien que actúa siempre por diosss!!!) un escritor que transita la vida sin muchas expectativas luego del fallecimiento de su hija, se adentra en el mundo de los fenómenos para normales, pero no por interés, sino para destruirlos y mostrarle al mundo que son solamente el producto de la fantasía de las personas.
Entonces, al conocer los rumores sobre el cuarto 1408, decide registrarse en el hotel y una vez allí las cosas no le resultarán nada fácil. Primero deberá enfrentarse a los esfuerzos del gerente del hotel, interpretado por Samuel L. Jackson, que no se porque pero de principio a fin te da la sensación que él tiene la culpa de algo, por persuadirlo, mostrándole en fotos el legado más cruento de la habitación.

En tanto, ese insistente escepticismo tiene amplias chances de llevarlo a la muerte. Lo que sigue es lo previsible, la habitación termina enloqueciéndolo de a poco: relojes que se adelantan solos, un aire acondicionado que calienta más de lo recomendable, alucinaciones, ver su propio reflejo al abrir la ventana, etc.

Aunque con algunos recursos previsibles, 1408 me entretuvo de principio a fin, con el terror justo, sin abusar en desparramar litros de sangre y apoyándose en la excelente interpretación de Cusack y de Jackson que aunque aparece poco, cuando lo hace, es el recurso indicado para indicarte que algo malo va a suceder. Capaz no llenará tanto a exigentes y amantes del terror extremo, pero para mi vale la pena verla.

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