Gran Torino
La cinta Gran Torino se estrena hoy en la Argentina y además de despertar el normal interés del público local por tratarse de un trabajo que lo tiene a Clint Eastwood delante y detrás de cámaras, seguramente, ese interés tendrá un plus renovado y mayor, porque según expresó hace un tiempo a la prensa su director y protagonista, Gran Torino, significaría su último trabajo como actor. Con los 79 años que le marca su Documento de Identidad, Eastwood, parece querer despedirse como empezó su carrera y entonces lo podremos ver encarnando un rol de tipo duro, hosco, ermitaño y por momentos violento, al cual no le tiembla el brazo si se hace necesario apuntar con su rifle M-1 a algún blanco que lo merezca, casi un calco de aquellos tipos duros de los westerns que lo llevaron a lo más alto de su popularidad y carrera.
En realidad, Gran Torino, durante los 116 minutos que dura es Estwood, Eastwood y más Estwood, porque si bien cuenta con un nutrido elenco de actores entre los que se cuentan Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her y Brian Haley, entre otros, la escasa relevancia que ostenta cada uno, sumado a una nueva interpretación de excelencia del veterano actor, hacen que Gran Torino sea una de las cintas en la que nuevamente hizo doblete y en la cual más se luce el actor por sobre el director.
Y sin dudas, mucho se lo debe a Walt Kowalski, un veterano de guerra de Vietnam jubilado, recientemente viudo, que pasa sus horas bebiendo cerveza, haciendo arreglos domésticos, acompañado por su perra Daisy y un Torino del año ’72, al cual mantiene en un estado impecable y maldiciendo a sus vecinos, en su mayoría surasiáticos. Pero un día cuando uno de estos vecinos, el joven Thao, sea obligado por una pandilla del barrio a robarle su Torino, Walt, no solamente se convertirá en el referente de este chico introvertido y sin rumbo, con el cual entablará una especie de amistad, sino que además ablandará un poco su duro corazón.
Así que Gran Torino es recomendable no solo para ver este gran y último trabajo de Eastwood, sino por la profunda historia de transformación humana que propone.
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