Juventud sin juventud, marca el esperado regreso de Francis Ford Coppola
Cuando los grandes de la escena reaparecen luego de largos años de ausencia es imposible que ese regreso, ya sea bueno o malo, desde el punto de visto de la calidad o del buen gusto, no cause una gran repercusión, no pudiendo jamás pasar desapercibido. Por eso con sus pros y con sus contras, Juventud sin juventud, la cinta que marca el regreso a la dirección luego de diez años de ausencia del director Francis Ford Coppola despierta una gran expectativa para cualquiera que se entere que el es quien está detrás de la dirección de cámaras.
Porque, además, convengamos que con títulos como El Padrino, Apocalypse Now, Drácula, Dr. Jekyll and Mr. Hyde, todos ellos de una enorme calidad, sobre las espaldas de alguien, también contribuye al hecho que sea imposible no mirar de manera indiferente a este nuevo estreno cinematográfico que presenta la renovada cartelera argentina.
La historia de Juventud sin juventud, bastante fantástica por cierto, cuenta las vicisitudes a las que se ve sometido el anciano profesor Dominic Matei, quien mientras transcurría la Navidad en el año 1928 fue alcanzado por un rayo que le provocó un extraño fenómeno interior y exterior, y a partir de ese momento no solamente recobrará la juventud perdida, sino que además el paso del tiempo ya no lo afectará jamás.
Pero contrariamente a lo que muchos sentirían, más que una alegría o una bendición, esta transformación se convertirá ciertamente en una tortura para Matei quien deberá sufrir la persecución nazi y por el amor de Laura, ya que sus estudios pondrán en peligro a la mujer y quedando en la encrucijada de tener que decidirse por ella o por su otra pasión, la ciencia.
Entre los protagonistas se cuentan y destacan Tim Roth, en el rol de Matei, Bruno Ganz, Alexandra María Lara y una pequeña, pero contundente como siempre, participación de Matt Damon.
Seguramente los fanáticos de Coppola celebrarán la propuesta, sin embargo, eso sí, deberán mucho más que en otras oportunidades, concurrir con los cinco sentidos encendidos a tope para comprender una historia bastante compleja.

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