Una mujer partida en dos
La nueva producción del célebre director francés Claude Chabrol, que para el público hispanoparlante fue bautizada como Una mujer partida en dos, es un auténtico drama romántico que nada tiene que envidiarle a cualquiera de los mejores culebrones mexicanos o brasileños, dueños de la escena telenovelezca del momento.
Uno de los padres de la nouvelle vague francesa, tira toda la carne al asador para captar la atención del espectador y hacer de esta cinta una atrapante historia, desde amores con diferencia de edad, traición, amor y mucha, mucha pasión entre el triángulo amoroso que la protagoniza, hasta, celos, perversidad e insospechadas consecuencias del entuerto amoroso, son los principales ganchos de la historia.

Este “te para tres” lo conforman Gabrielle Deneige (Ludivine Sagnier), una joven seductora, ambiciosa y algo ingenua presentadora del clima de un canal de noticias, Charles Saint-Denis (François Berléand), un escritor cincuentón, casado y mujeriego y Paul Gaudens (Benoît Magimel), un joven caprichoso, inmaduro y heredero de un multimillonario negocio farmacéutico. Estos tres personajes de características intensísimas como habrán podido apreciar, se unirán en un triángulo amoroso decididamente explosivo, en donde los egos, la angustia, la perversión y el amor enfermo darán lugar a una historia que seguramente atraparán al espectador hasta el final de la historia. Es que claro, los juegos amorosos a dos puntas siempre generan ese morbo imperdible por un lado y por el otro, la constante tensión para el que lo mira, que en cualquier momento todo terminará muy mal para los involucrados.
Una de las curiosidades del film es que el realizador esta vez se rodeó de grandes actores delante de cámaras, además de uno de sus hijos Thomas que hace de maitre, pero también de un nutrido grupo familiar detrás ya que otro de sus hijos, Matthieu compuso la música del filme y el guión lleva el selló de nada más y nada menos que Aurore Chabrol, su esposa.
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