No mires para abajo
No quedan dudas, luego de ver la cinta No Mires para abajo, que es una auténtica historia made in Eliseo Subiela. La poesía, el explícito erotismo que despliegan sus escenas, las ganas de desnudez de sus personajes y la exploración en lo más profundo de sus corazones y almas, vuelven a ser el mejor caballito de batalla de este realizador argentino y para los que vimos aquel gran éxito suyo que fue El Lado Oscuro del Corazón con Darío Grandinetti y Sandra Ballesteros, las comparaciones salvando las distancias, claro, sabemos que son odiosas, pero en este caso resulta casi imposible no hacerlas.
Es que el protagonista, Eloy, un joven de 19 años vive atrapado en una existencia entre mediocre y falta de aventuras, sus días transcurren íntimamente ligados al recuerdo y las apariciones de su padre ya fallecido y al trabajo poco convencional y atractivo que heredó de este: repartir ángeles, lápidas y figuras ornamentales en las sepulturas. Haaaasta que conoce a la seductora y experimentada Elvira quien le propondrá no solamente el descubrimiento de su sexualidad a través de prácticas sexuales desconocidas por el joven, sino que además lo ayudará a redescubrirse a el mismo, a su espíritu y a la realidad que lo rodea que estuvo tapada como consecuencia de su aislamiento.
Para este nuevo proyecto, uno de los realizadores más experimentados del cine argentino se rodeó de caras conocidas por el público local, como ser Hugo Arana, Mónica Galán, Marzenka Nowak y Octavio Borro, entre otros, en tanto, el protagonismo lo reservó para dos figuras jóvenes, una de ellas, una cara bastante repetida y vista en la producción cinematográfica argentina como es el caso de Antonella Acosta y la otra en el camino contrario, como es el caso del actor Leandro Stivelman.
Aquellos espíritus fáciles de escandalizar o bastante pudorosos por favor abstenerse, porque se van a sentir más que incómodos con las repetidas escenas de sexo…
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