Once

once.jpgLas calles de las grandes ciudades están plagadas de peligros sin dudas, pero también la calle, es seguramente, uno de esos lugares mágicos donde el destino nos puede tener deparado una gran sorpresa, un gran amor, entre otras cosas. Y algo de esto es a grandes rasgos lo que nos propone el realizador irlandés John Carney, con su última creación Once, que cosechó no solamente buenas críticas entre la prensa, sino que hizo lo propio en su paso por ejemplo por el Festival de Sundance 2007, quedándose con el preciado premio del público.

La cinta a mitad de camino de lo que sería un musical, se propone contar una historia de amor, en la cual la música es la protagonista y vehículo del amor entre un cantante callejero y una inmigrante checa que se gana la vida repartiendo flores. El destino los cruzará en la calle cuando ella quede fascinada al oírlo cantar y pronto comenzarán una relación de amistad que los convertirá casi en cómplices que se contarán amores, desdichas, mientras comparten su pasión por la música con la interpretación de varios temas.

once_1_200.jpgCarney logró que Once no sea una historia de amor más de las tantas que se cuentan, para esto prefirió salir de los estereotipos que se plantean muchas veces en este tipo de género y apostó primero por contar una historia de amor bastante cotidiana, en las cuales los personajes son absolutamente identificables, personas de carne y hueso, nada del sueño de la chica pobre que se casa con el chico rico, para nada, gente común corriente, con trabajos simples y problemas palpables.

Creo que ese es el gran gancho que tiene el largometraje de Carney la sencillez, que hasta se hace palpable al estar protagonizada por dos actores casi amateurs, como el músico irlandés integrante de la banda The Frames, Glen Hansard y Marketa Irglova.

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