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Sin lugar a dudas uno de los estrenos más oportunos con la realidad internacional que se avecina en los Estados Unidos, más precisamente el martes próximo con el cambio de mando y partido y que adorna desde esta semana a la cartelera cinematográfica argentina, es la biografía no autorizada sobre el presidente saliente norteamericano George W. Bush, una de las personalidades políticas más odiadas del mundo entero por obvios motivos, que llevó a cabo el realizador Oliver Stone.
Porque si bien yo creo que cualquier expresión en la cual se critique o se pueda conocer más de cerca a este hombre que durante 8 años rigió los destinos de su país pero también se erigió en decisor no elegido de muchos otros, siempre despertaría atención y entusiasmo en el público, esta particular visión sobre el dentro de poco ex presidente Bush que nos presenta Stone, en la cual se lo puede ver en dos escenarios absolutamente contrapuestos como son, por un lado un joven bastante mediocre en la escuela, dominado por el alcohol y padeciendo el maltrato de su padre, el otrora presidente y la competencia con su brillante hermano Jeb y por el otro al mismo hombre pero ya maduro sentado en el sillón ejecutivo más importante del mundo entero y al que llegó sin mediar mucha preparación y condiciones para ello.
Aunque claro también figurarán otras circunstancias menores relacionadas con su personalidad y sus gustos que también contribuyen a pintarlo de carne y hueso.
Para llevar a cabo esta polémica historia, que también requiere como toda biografía la elección de actores que físicamente guarden relación con los protagonistas para hacer la historia más real ante los ojos del espectador, el director realmente estuvo muy acertado porque sin dudas resultan muy sorprendentes las similitudes físicas del actor Josh Brolin con George W, o la de Richard Dreyfuss como Dick Cheney, Scott Glenn como Donald Rumsfeld, Elizabeth Banks como Laura Bush y Ellen Burstyn como Barbara Bush, entre otros.
Entonces, más allá de la simpatía o antipatía que despierte este personaje en cualquiera de nosotros, creo que W de Oliver Stone es una buena opción no para perdonarlo un poco, sino para entender algunas cosas mejor.
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